Mi hermano, el fotógrafo Javier Parcero Aznar, es el autor de las fotos que acompañan a mis poemas en "Piedras que no llegan al mar", así como de su portada. Unas fotos en blanco y negro, con esa expresividad que sólo pueden tener ese tipo de imágenes, elegantes, intensas, muy hermosas.
Javi tiene una página web como profesional:
http://www.javierparcero.es/
pero destacaré también su galería digital, disponible en:
http://javivitum.tumblr.com/
Disfruten con las imágenes, todas tienen su pequeña historia, todas merecen una "segunda ojeada"...
lunes, 15 de diciembre de 2014
jueves, 27 de noviembre de 2014
Y la Nocilla provocó experiencias más allá de esta dimensión…
Algunos poetas deciden ampliar el “reducido espectro” hacia
el que dirigen su creatividad, y mueven los hilos correspondientes para que se
les publiquen novelas. Hasta aquí nada que oponer, lo minoritario de siempre ha
tenido su “charme”, pero aporta escasos réditos económicos y tan apenas
prestigio académico.
Ser maldito se queda para esos nombres que todos conocemos
sin necesidad de acudir a Wikipedia, y en el silencio acogedor del anonimato de
cuatro almas coherentes. Luce más apuntarse a la moda de turno. Redactar la
ultimísima novela histórica, o en este caso, (lo
de la pasión por la Historia se lo vamos a dejar a otra, trepa, “colocaticia”,
de las que se dejaba ver venir desde muy lejos) entrar en Olimpo de los Nocilla,
con alguna de esas obras metaliterarias y metavivenciales, elitista en su justa
medida, según el patrón de los críticos que te van a encumbrar, en la línea de
lo que vende lo suficiente y en realidad únicamente leen los capaces de superar
el tedio al que conduce un autobombo insufrible y asfixiante.
Funciona.
Uno se hace un nombre más allá del terruño, deja de ser
cabeza de ratón, para ser alguien, y alguien sólo se puede ser si se es en
Madrid, y entonces, ocurre porque sí, se produce el milagro de que te den el
premio que patrocina tu editorial, y que resulta ser uno de los más
considerados de España.
Lo inquietante, y no entraré en más valoraciones morales, es
que quien así actúa se presente en toda ocasión como una especie de
“antisistema” de altura intelectual, un “rebelde con causa –por mucho que la
causa, ni sea ejemplarizante, o ni siquiera se aproxime remotamente a una causa,
o sí, la causa de labrarse un futuro como escritor de renombre-, un resabiado
“mete-el-dedo-en-la-llaga”, aposentado en realidad, y hasta las trancas, en ese
“stablishment” contra el que asegura arremeter por activa o por pasiva, por las
redes sociales o por donde le dejen.
miércoles, 12 de noviembre de 2014
Para ver la poesía de una composición
Luis Moreno, autor de las fotos que acompañan a mis poemas en este blog, realizó esta impresionante composición, cuyas fotos fueron tomadas desde uno de los fenecidos pabellones de la Expo 2008.

No deja de ser una reflexión gráfica de lo que supuso -y supone- un acontecimiento de esas características, en todos los sentidos: quedan su huella, el recuerdo de las maravillas, la resaca de la corrupción política, y por desgracia, la decepción de que esos fastos no bastaran para sacar a Zaragoza del ostracismo de las grandes ciudades ignoradas y sin perfil.
Fue mucho, bueno/regular/malo (cada uno que tache lo que corresponda), y permanece bastante más de lo que parece...
No deja de ser una reflexión gráfica de lo que supuso -y supone- un acontecimiento de esas características, en todos los sentidos: quedan su huella, el recuerdo de las maravillas, la resaca de la corrupción política, y por desgracia, la decepción de que esos fastos no bastaran para sacar a Zaragoza del ostracismo de las grandes ciudades ignoradas y sin perfil.
Fue mucho, bueno/regular/malo (cada uno que tache lo que corresponda), y permanece bastante más de lo que parece...
Poeta para llevar
Comparto con vosotros hoy la ilusión que me hizo volver de vacaciones de Navidad este año, ahora que se acercan esas fechas otra vez, y encontrarme con que el protagonista del número 7 de "Poesía para llevar" (iniciativa de la que ya os he hablado en otro momento) era... yo mismo.
Repuesto de la impresión, me sentí -y me siento- halagadísimo por que mis compañeros del IES Benjamín Jarnés de Belchite me propusieran como autor.
Incluyo las imágenes de la "hojilla volandera" en la que aparece mi poema Esencia, comentado además por alumnos de 2º y 3º de ESO (algo que me sigue haciendo muchísima ilusión), y que ha corrido su propia suerte entre los veintiún institutos que participaron el curso pasado en esta "ocurrencia" maravillosa de Poesía para llevar, en la que este curso vuelvo a colaborar aunque en esta ocasión desde el IES Gállicum de Zuera.
Repuesto de la impresión, me sentí -y me siento- halagadísimo por que mis compañeros del IES Benjamín Jarnés de Belchite me propusieran como autor.
Incluyo las imágenes de la "hojilla volandera" en la que aparece mi poema Esencia, comentado además por alumnos de 2º y 3º de ESO (algo que me sigue haciendo muchísima ilusión), y que ha corrido su propia suerte entre los veintiún institutos que participaron el curso pasado en esta "ocurrencia" maravillosa de Poesía para llevar, en la que este curso vuelvo a colaborar aunque en esta ocasión desde el IES Gállicum de Zuera.
Más que decir sobre "gafapastas" y panolis de todo pelaje
Escuché lo de "se han pasado cien pueblos" cuando en su momento se incluyó a Cálamo en El País Semanal como una de las mejores librerías del mundo, y con ello rebosó el vaso, me tocó rebelarme en Facebook, en una entrada del 9 de enero de este año. Me reafirmo en lo dicho y que aquí vuelvo a exponer.
Más catetos que aquellos de los que reniegan ante la supuestamente discutible elección de la librería zaragozana, lo son mucho más tanto "gafapasta", "modenno ciudadano del mundo" y demás panoli pseudoprogre que hacen tristemente cotidiano el dicho de que nadie es profeta en esta tierra.
Cateto es el escritorcillo que en ese mismo semanal propone una sucursal londinense de una cadena de librerías británica, digámoslo claro, como si aquí se propusiera a Casa del libro, por la peregrina razón de que el inmueble que la alberga en Piccadilly, acogiera en su momento una tienda "divina" que desgraciadamente ya no existe.
Más catetos que aquellos de los que reniegan ante la supuestamente discutible elección de la librería zaragozana, lo son mucho más tanto "gafapasta", "modenno ciudadano del mundo" y demás panoli pseudoprogre que hacen tristemente cotidiano el dicho de que nadie es profeta en esta tierra.
Cateto es el escritorcillo que en ese mismo semanal propone una sucursal londinense de una cadena de librerías británica, digámoslo claro, como si aquí se propusiera a Casa del libro, por la peregrina razón de que el inmueble que la alberga en Piccadilly, acogiera en su momento una tienda "divina" que desgraciadamente ya no existe.
Patético que tres escritores españoles no encuentren ni una sola librería digna de destacar en toda nuestra geografía (¿ni en Madrid siquiera?); tiene que ser el catalán el que muestre una en Barcelona, y cuando un gallego sobradamente asentado en Zaragoza lo hace con una magnífica librería de la ciudad, va demasiado lejos. Por supuesto, hay un escritor mejicano, uno colombiano y uno argentino, que recomiendan sin empacho una librería de cada uno de sus países. Aquí no, aquí para ser "guay", hay que marcharse a París a reconocer que una librería famosísima ya no merece serlo -y si no lo es, no sería más lógico haber propuesto otra librería, por ejemplo una de Cuenca-, o a Nueva York, que luce más.
Y sí, es la librería en la que presenté mi libro "Piedras que no llegan al mar", de lo cual me siento especialmente satisfecho...
Y sí, es la librería en la que presenté mi libro "Piedras que no llegan al mar", de lo cual me siento especialmente satisfecho...
Gloria Fuertes en el cielo y paz a los hombres y mujeres de buena voluntad...
Cúmulo de casualidades, coincidencias, hora bruja constante,... ¿Cómo explicarlo de otra manera?
Primero fue buscar un libro de poemas para que mi preciosa sobrina Sara lo llevara al cole. Rebuscando, reencontré y reaprecié "Obras incompletas" de la escasamente (lo que no puede ser más injusto) valorada Gloria Fuertes.
Lo siguiente fue acudir como hago con cierta frecuencia, al blog de Begoña Oro (me declaro fan), para encontrarme con las siguientes joyas:
http://elblogdelao...ro.blogspot.com.es/2013/11/gloria.html
Primero fue buscar un libro de poemas para que mi preciosa sobrina Sara lo llevara al cole. Rebuscando, reencontré y reaprecié "Obras incompletas" de la escasamente (lo que no puede ser más injusto) valorada Gloria Fuertes.
Lo siguiente fue acudir como hago con cierta frecuencia, al blog de Begoña Oro (me declaro fan), para encontrarme con las siguientes joyas:
http://elblogdelao...ro.blogspot.com.es/2013/11/gloria.html
http://www.mediavaca.com/…/au…/escritores/102-fuertes-gloria
-Atención con lo que aparece en la página de Media Vaca, es puro oro también...-
Y por si la cosa no fuera ya materia de "poltergeist", recibo hoy lo que será la siguiente entrega de Poesía para llevar, y adivinen señores la autora seleccionada (lástima que con la etiqueta "para lectores no adultos", revísese por favor), sí, es ella, la inconfundible maga de las palabras, la poeta con la que tantos crecimos a las rimas, que recuerdo subida en aquel árbol de una importante avenida de Madrid durante la retransmisión de la Cabalgata de Reyes, en un irresistible e imaginativo agarradero a la ilusión...
La valiente muchacha que se rebeló contra todos ejerciendo de poeta (no le gustaba poetisa, a mí tampoco) y llevando corbata, escribió lo siguiente:
CUANDO TE NOMBRAN
Cuando te nombran,
me roban un poquito de tu nombre;
parece mentira,
que media docena de letras digan tanto.
Mi locura sería deshacer las murallas con tu nombre,
iría pintando todas las paredes,
no quedaría un pozo
sin que yo me asomara
para decir tu nombre,
ni montaña de piedra
donde yo no gritara
enseñándole al eco
tus seis letras distintas.
Mi locura sería,
enseñar a las aves a cantarlo,
enseñar a los peces a beberlo,
enseñar a los hombres que no hay nada
como volverse loco y repetir tu nombre.
Mi locura sería olvidarme de todo,
de las 22 letras restantes, de los números,
de los libros leídos, de los versos creados.
Saludar con tu nombre.
Pedir pan con tu nombre.
-Siempre dice lo mismo- dirían a mi paso,
y yo, tan orgullosa, tan feliz, tan campante.
Y me iré al otro mundo con tu nombre en la boca,
a todas las preguntas responderé tu nombre
-los jueces y los santos no van a entender nada-
Dios me condenaría a decirlo sin parar para siempre.
-Atención con lo que aparece en la página de Media Vaca, es puro oro también...-
Y por si la cosa no fuera ya materia de "poltergeist", recibo hoy lo que será la siguiente entrega de Poesía para llevar, y adivinen señores la autora seleccionada (lástima que con la etiqueta "para lectores no adultos", revísese por favor), sí, es ella, la inconfundible maga de las palabras, la poeta con la que tantos crecimos a las rimas, que recuerdo subida en aquel árbol de una importante avenida de Madrid durante la retransmisión de la Cabalgata de Reyes, en un irresistible e imaginativo agarradero a la ilusión...
La valiente muchacha que se rebeló contra todos ejerciendo de poeta (no le gustaba poetisa, a mí tampoco) y llevando corbata, escribió lo siguiente:
CUANDO TE NOMBRAN
Cuando te nombran,
me roban un poquito de tu nombre;
parece mentira,
que media docena de letras digan tanto.
Mi locura sería deshacer las murallas con tu nombre,
iría pintando todas las paredes,
no quedaría un pozo
sin que yo me asomara
para decir tu nombre,
ni montaña de piedra
donde yo no gritara
enseñándole al eco
tus seis letras distintas.
Mi locura sería,
enseñar a las aves a cantarlo,
enseñar a los peces a beberlo,
enseñar a los hombres que no hay nada
como volverse loco y repetir tu nombre.
Mi locura sería olvidarme de todo,
de las 22 letras restantes, de los números,
de los libros leídos, de los versos creados.
Saludar con tu nombre.
Pedir pan con tu nombre.
-Siempre dice lo mismo- dirían a mi paso,
y yo, tan orgullosa, tan feliz, tan campante.
Y me iré al otro mundo con tu nombre en la boca,
a todas las preguntas responderé tu nombre
-los jueces y los santos no van a entender nada-
Dios me condenaría a decirlo sin parar para siempre.
lunes, 10 de noviembre de 2014
Y llegaron las novelas gráficas…
Cuando era un pequeño y prometedor lector, me subyugaron los
tebeos. Los llamábamos así, incluso de vez en vez, también cómics. Me
fascinaban personajes españoles como El Capitán Trueno o El Jabato, Roberto Alcázar
y Pedrín, o el Guerrero del Antifaz –y sin que nos preocupara por entonces su
ideología-. Leía con fruición las aventuras de héroes extranjeros como Phantom
(el Hombre Enmascarado), o de varios de
la Marvel (Spiderman, Thor, los Cuatro Fantásticos). Era fan de Tintín y de Astérix.
Seguía a las distintas historietas editadas por Bruguera: Zipi y Zape,
Mortadelo y Filemón, Anacleto, y tantos. Devoraba cualquier tebeo que cayera en
mis manos, y si mi vecina tenía una colección en la que se incluían tebeos “para
chicas”, también los curioseaba. Leía Don Miki, lo que fuera, con tal de que
estuviera ilustrado y tuviera bocadillos.
Fue sin duda, una excelente introducción en el mundo de la
lectura. La de libros no tardaría en llegar, me enganché a colecciones como la
de los Hollister, los Tres Investigadores, los Cinco o los Siete Secretos de
Enid Blyton. Para mí fue un paso lógico. Hoy sería objeto de sesudo estudio: acabé
pues, en las fauces de la literatura infantil-juvenil. Y desde la distancia en
el tiempo, no me arrepiento en absoluto. Los protagonistas de tu edad no eran
mejores que los héroes de tebeo, simplemente se complementaban.
Este verano llegó a mis manos, gracias al Plan Lector del IES
Hermanos Argensola, “La ventana” de Sean Chuang, Bárbara Fiore editora. Una
bellísima y desgarradora historia en la que apenas hay texto, sin bocadillos.
Unas ilustraciones de una factura maravillosa, en una edición cuidada, con un
colorido acorde con el lugar y la época en la que se desarrollan los hechos.
Tal y como reconoce el autor, se trata de un homenaje desde Oriente de ese
Occidente para ellos, fascinante y a la vez extrañamente cercano.
A menudo, son los observadores lejanos los que mejor plasman
detalles que de otra manera se nos escaparían a quienes vivimos una
eventualidad de forma directa. No es la primera vez que unos ojos rasgados
visionan nuestro mundo de una manera más intensa que nosotros mismos- Y para
demostrarlo, acudiré al ejemplo de otro soporte para la ilustración, las series
de dibujos animados. ¿Quién no ha ido a Suiza buscando la que aparecía en la
archifamosa Heidi? ¿Hubo alguna niña que en su momento no se identificara con
los ojazos desproporcionados, y al mismo tiempo enternecedores, de Candy Candy?
A quienes vivimos en primera persona esa entrega indisimulada
a los dibujos por entregas, -recreada por cierto, de manera altamente
aleccionadora, por lo que se refiere a los grandes de la ilustración del equipo
de Bruguera, en otro volumen de novela gráfica, la imprescindible “El invierno
del dibujante” de Paco Roca, Astiberri- esta moda de tebeos para adultos, de
narración en su versión ilustrada, no hace más que reafirmarnos en una pasión
que nunca nos ha abandonado. Los tebeos forman parte de nosotros, de nuestro
paso por la vida…
viernes, 7 de noviembre de 2014
Sobre “Maribel y la extraña familia”, de Miguel Mihura, sobre leer teatro,...
No creo que sea casualidad, que dos de mis lecturas
esenciales “de todos los tiempos” sean obras de teatro, clásicos para más
“inri”: la una, en verso para más detalle, “La vida es sueño”; y la otra, un
esperpento, “Luces de bohemia”. Siempre me ha encantado leer teatro, ni lo
evito, ni quiero evitarlo. No es porque no me guste verlo representado, aunque
tengo que decir que a menudo la puesta en escena de obras que había leído
previamente, me ha decepcionado profundamente. Quizá sea porque tengo vocación
de director de escena, pero no, que no me dejen convertir en realidad semejante
despropósito.
La obra de Mihura, para muchos críticos menor, una simple
obrita, es en realidad un excelente ejemplo de lo que la buena literatura
defiende: decir más con menos. Frente a tantos sesudos mamotretos de escritores
serios, y por qué negarlo, libros por lo general bastante aburridos, nuestro
autor consigue con un estilo desenfadado y pelín previsible, metas muy
complejas. No es sencillo enfrentarse con los prejuicios de una sociedad. A
renglón pasado, todo resulta más cómodo, entonces cualquiera puede sonrojar a
los que se equivocaron.
Los que tenemos una cierta edad, inequívoco síntoma de
madurez, reconoceremos esa España gris en la que viven los personajes de la
obra. Un país en el que las mujeres estaban obligadas a, al menos, parecer decentes. La decencia, ese concepto
que hoy suena a trasnochado, y que sin embargo se torna actual cuando los
chicos de un instituto califican de puta a la muchacha con muchos amigos, y
machote al chaval que ronda a todas las de la clase.
Maribel es una prostituta, y lo parece además. Los espectadores
de la época se tenían que partirse de la risa al ver a las ancianas “chochas”
protagonistas tratarla con delicadeza, mostrando un interés inusitado por esa
vida “desenfadada y libre” que llevaba. La lección maravillosa la ha dado el
paso del tiempo. Hemos alcanzado a leer entre líneas, y a comprender la bomba
de relojería contracultural que ocultaba el argumento que planteó Mihura. Fue moderno, cuando en realidad no
había nada de extraordinario en que un hombre pudiente retirara del ejercicio
de su carrera a una mujer de la calle. Es moderno, es modernidad, hacer chocar
y solaparse sin problemas, la realidad decimonónica de unas damas bondadosas
con la lógica desconfianza de un grupo de mujeres sobradamente maltratadas por
la vida.
El tono de la obra es de comedia de salón. Se va acelerando
hacia el final, pero el autor no duda en dejar llevar por los meandros
necesarios el recorrido de sus personajes. Articula de manera magnífica el
suspense de algo tan de hoy como la posibilidad de que el protagonista y sus
añosas familiares sean psicópatas peligrosos. Contribuyen al acierto del autor:
la rancia escenografía, la localización de los actos, y por supuesto, episodios
cómicos como esa fantástica ocurrencia
de que una ancianita solitaria pague por que alguien le haga una visita.
El análisis de la sociedad que nos rodea es uno de los
mejores servicios que puede hacer un escritor. Mihura demuestra ser un maestro
como analista de vicios e inquietudes, en la brumosa tierra de las segundas
oportunidades. Una lectura muy recomendable para lectores en la etapa final de
la secundaria…
martes, 4 de noviembre de 2014
A propósito de lo que deberían (o no) leer los chicos…
No hace mucho que terminé de leer “Nada”, de la autora
danesa Janne Teller, una novela que comparte con la mítica obra de la
barcelonesa Carmen Laforet ese desapego existencialista, ese pesimismo con un
cierto punto autodestructivo. Lo llamativo es que en este caso, y no ocurría lo
mismo con la ganadora del premio Nadal, se trata de una muestra de la mal
llamada literatura juvenil. Me explicaré.
En el epílogo del volumen publicado por Seix Barral, se
indica por parte de la autora que nunca llegó a entender el revuelo provocado
por su novela, que incluso se llegara a prohibir su lectura en institutos de
ciertas partes de Dinamarca. Sinceramente, y tras conocer yo mismo este libro
de declarado corte nihilista, me planteo hasta qué punto no tenían algo de
razón los padres en preocuparse.
No creo en las prohibiciones, ni en la censura. Actitudes
como las de nuestro gobierno, prohibiendo el ejercicio de la democracia en un
asunto como el de las ansias independentistas catalanas sólo llevan a jalear y
exacerbar lo que paradójicamente se quiere evitar. Lo mismo ocurre con lo que se
ilegaliza. A menudo, lo que está al otro lado de la frontera de lo permitido
atrae más. Reprimir no es la solución, sin contar con lo que la represión tiene
de inmoral. Por mucho que se esté en desacuerdo con algo, salvo claro está, cuando
algo sea directamente nocivo -y en esto tiene que haber un consenso muy
general-.
El libro de la “oenegera profesional” danesa (no ocultaré
mis reservas hacia quienes hacen de su vida un paseo a cuerpo de rey, con la
supuesta intención de salvar a los necesitados, aunque en realidad haya mucho
más de reafirmación del ego que otra cosa; y aun así, hago público desde aquí,
una vez más, mi compromiso con las oenegés que luchan por aquello en lo que
creo, pensando más en el objetivo que en todos y cada uno de los medios), “Nada”
parte de la decisión tomada por un adolescente, de no creer en nada, de no
ocuparse de aquello que suele centrar la vida de los apacibles burgueses
escandinavos, de subirse a un árbol y dedicarse a escupir a los que él
considera malogrados compañeros de instituto, incautos seguidores de unos
vacíos principios y una inútil confianza en la humanidad.
Los chicos protagonistas, que asisten atónitos al espectáculo,
compañeros de clase de este nuevo Simeón
del desierto, acuerdan aportar a una especie de pira sacrificial algo que
realmente les importe a cada uno de ellos. ¿Y qué puede ser esencial para uno?
Gradualmente, lo que estos muchachos van aportando se convierte en más, y más
sangrante, y lo digo literalmente, hasta subir el tono de la narración a uno cuasi-apocalíptico.
Sería en el fondo, una interesante reflexión: reducir lo que
nos rodea a lo imprescindible, a la medida de nuestra supervivencia como
individuos, a la circunstancia que ya no lo es. Ahí está el agarradero de
Teller: el supuesto mensaje optimista de su obra. Y si es así, ¿por qué será
que me deja ese sabor amargo y desolador?
La existencia nunca es fácil, y recuerdo vivamente todavía el
lastre de una edad de esperanzas, desapegos y desmedidas ansias; esa
adolescencia por la que todos pasamos, ha de tener su momento de descubrimientos,
de decepción, pero también un horizonte de superación. En ello se me ocurre que
puede estar la aportación de los adultos que nos ocupamos de la educación de
unos seres tan vulnerables, tan abiertos a conocer y sentir, como los
adolescentes de la obra que nos ocupa, y como todos los demás que en el mundo
son o han sido. Se trataría de intentar aportarles una actitud más serena,
necesariamente crítica desde luego, pero también reparadora de esas primeras
heridas.
Algunos chicos de un instituto más cercano, del Hermanos
Argensola de Barbastro, han sabido leerlo en su momento, con el ojo del que se
queda con lo simbólico, así como con lo añadido, con la fuerza subyacente, y
siempre y sin duda, guiados por su educadora. ¿Y los demás, los otros, los más,
lo han reducido todo a la anécdota “gore”, al absurdo que todo lo relativiza?
Nada. La nada puede ser muy plena. De ella, como del
silencio, se aprende…
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